Revista digital de Artes escénicas -Año 4-

Carmen de Johan Inger para la Compañía Nacional de Danza

Cuando Johan Inger recibió el encargo de la CND, de montar una nueva versión de Carmen, siendo él sueco y Carmen una obra con un marcado carácter español, se encontró ante un enorme reto, pero también una gran oportunidad. Su aproximación a este mito universal tendría que aportar algo nuevo. Para ello, Inger decidió centrarse en el tema de la violencia, aproximándose a ella a través de una mirada pura y no contaminada… la de un niño. Ante un gran texto clásico o un mito dramático, lo mejor que se puede hacer, lo más inteligente, es no pensar que ya se ha hecho alguna versión de ese material. Es complicado abstraerse de una idea o referencia cuando se ha convertido en parte de la memoria popular de la gente. Pero hay que atreverse a ello o mejor no hacer un intento por releer lo que ya se considera ha sido escrito definitivamente. Para poder hacer esto hay que actuar como un niño, sin prejuicios, con ojos nuevos, aún a riesgo de equivocarse; en la creación hay que equivocarse e indagar, porque para hacer copias de copias, mejor tirar la toalla.
Resulta curioso que Inger haya elegido un niño como interlocutor de su versión de Carmen para con el público, tengo la sensación de que ese niño es también él, que de algún modo, mira al personaje con sorpresa, curiosidad y profundidad. Y al igual que el niño va creciendo durante el desarrollo de la pieza, el propio coreógrafo va siendo más contundente y atrevido en su lectura personal.
Muchas veces se piensa que hay determinados personajes o historias que no se pueden llevar al lenguaje de la danza, se cree complicada la traslación de la palabra al movimiento. En esta ocasión, se puede seguir sutilmente los acontecimientos de la historia de Carmen pero lo más importante es que esta Carmen se abre en canal para mostrarnos lo que está escrito entre líneas, profundizando en la cronología de los sucesos.
La obra empieza luminosa y juguetona para ir entrando en un laberinto oscuro, lleno de espejos que desdoblan las personalidades de los protagonistas, haciendo que tengamos la sensación de presenciar los sueños y pesadillas de estos seres, abocados al abismo del dolor como precio ante la imposibilidad de amar y ser correspondido.
Inger se ha rodeado de un equipo espléndido que le ha apoyado en la dramaturgia, el espacio escénico, la iluminación y el vestuario… Todo son piezas de un puzle imposible que termina encajando perfectamente. Y el elenco de bailarines realiza un trabajo fascinante, llenando cada movimiento de sensaciones que crean imágenes que se instalan en nuestro cerebro para no borrarse nunca más.
José Carlos Martínez está dando pasos cuidados para ir conformando un nuevo repertorio de la Compañía que será, con el tiempo, de los más sólidos de las compañías de danza europeas.
Adolfo Simón

carmen11

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s