Revista digital de Artes escénicas -Año 4-

¿Qué es un cuerpo en movimiento?

¿Qué es un cuerpo en movimiento? Difícil pregunta… Imaginemos por un momento un vaso medio lleno de agua. Alguien lo lleva de un lado a otro en una bandeja. Y sucede lo inevitable: el agua se mece, escala y desciende por las paredes del vaso. Al compás del movimiento que lo desplaza, vibra, se agita, salta, se derrama y baila sobre la bandeja. Imaginemos ahora que cada célula de nuestro cuerpo es ese vaso y bailemos…

El ser humano se compone de alrededor de un 70% de agua. Está en las células, en la saliva, en la sangre, en las cuencas de los ojos. Y esto se hace evidente en “Mirage”, la admirable y más que sugerente pieza de danza contemporánea que ha clausurado “Cada palabra es como una innecesaria mancha en el silencio y en la nada”, obra de Eugenio Ampudia que ha habitado el espacio “Abierto por obras” del antiguo Matadero de Madrid desde el 5 de febrero hasta el pasado 17 de mayo. El antiguo frigorífico, habiendo sobrevivido a un incendio, ha sido convertido en un lago con pasarelas de madera y luz tenue. En su sencillez radica la potencia de la instalación, que es completada por el espectador cuando realiza una llamada al número de teléfono indicado, generando ondas en el agua estancada. Eugenio Ampudia nos invita así a reflexionar sobre los procesos de comunicación y con ello sobre la sociedad, el artificioso individualismo, las nuevas tecnologías…

La coreografía, exclusiva para la ocasión, ha corrido a cargo de Mattia Russo y Antonio de Rosa, con la colaboración de bailarines de la CND. La búsqueda de un diálogo con el espacio físico y con la obra de Ampudia les ha llevado a generar un espectáculo de claroscuros y belleza líquida. Los intérpretes (inicialmente en fila, en el centro del lago, unos pilares más de la sala) comienzan a fundirse a través de su arte con la piscina de agua negra, que nos devuelve algún que otro destello amarillo de vez en cuando. Como guiñando un ojo, nos advierte de la experiencia que estamos a punto de vivir. Con una música de fondo cambiante y de contrastes, los cuerpos cobran vida y se convierten en corrientes que despiertan al agua de su hibernación, son conductores de electricidad vital, son la fuerza de las mareas. Las ondas provocadas surgen como un elenco paralelo de bailarines. La coreografía se confunde: ¿está en los cuerpos o en las ondas? ¿Es la coreografía la comunicación misma que se da entre el cuerpo y el agua, una y otra vez, suave, violenta, infinita, inevitable?

Mi atención se ha sumergido en la atmósfera creada de tal modo que, cuando llega el final, distingo en el aire las ondas provenientes de mis aplausos, enredándose en el pelo largo y rizado de alguna mujer; veo cómo el eco de mis pasos sobre la madera hacen carambola en calzado cercano y rápidamente, como pequeñas tortugas marinas, se adentra en el agua para comunicar desde su libertad ingrávida mis sinceras felicitaciones a los artistas uno a uno, onda a onda, gota a gota, célula a célula.

Quique Rojasampudia

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