Revista digital de Artes escénicas -Año 4-

¿Balance de Madrid en danza?

Para hacer un balance en profundidad sobre un certamen o festival, al menos, habría que haber tenido contacto con las propuestas que conforman el programa. En la edición de este año, confeccionada totalmente por la nueva dirección, se han realizado cambios que han sorprendido al público y a los medios de comunicación. Durante años, los espectadores han sido tratados con delicadeza y cuidado. En el folleto del festival, se referían a ellos como “Los de la butaca”, algo que, si se quería que fuese un guiño simpático, se pudo entender como una manera demasiado coloquial de dirigirse al “respetable” que al final es el que acude y compra sus entradas. No sabemos cuál podría ser la intención porque tampoco podemos consultar a nadie ya que dicho prólogo no estaba firmado por nadie. A alguno de los creadores, sobre todo a los que viven y trabajan en la Comunidad de Madrid, tampoco les ha hecho mucha gracia que se insinuara que había que traer a creadores de fuera para que se vea qué es lo que habría que hacer hoy en el mundo de la creación de danza…¿?. Creo que se han tomado decisiones de tipo artístico que no se estaban haciendo en la anterior etapa a la hora de elegir espectáculos y el tiempo de presentación en la ciudad y eso ha provocado la sensación de retroceso en el nivel. Salvo un par de espectáculos venidos desde fuera, con cierto prestigio, el resto eran propuestas que podrían estar programadas en cualquier certamen de danza y no en uno de carácter internacional. Tampoco tiene mucho sentido presentar trabajos como reposición porque no dan más prestigio ni aplomo a la programación. El riesgo tiene que llegar por mostrar un abanico que vaya desde los más potente a nivel internacional a todo lo destacable generado en nuestro país y a todo lo que se está gestando a nivel laboratorio y que al salir a la luz terminará siendo la futura danza. Creer que la información llega al público vía la publicidad es un error porque el puente hacia los espectadores son los medios escritos y sobre todo los virtuales; hoy, el espacio de consulta sobre lo que se puede ver en una ciudad, se hace a través de los informadores en las redes, no entender esto y no darle el lugar y la importancia, provoca una sensación de falta de respeto hacia profesionales que hacen un trabajo serio y constante en las redes. No se puede permitir el acceso solo a las salas que tienen poca ocupación, el comunicador ha de conocer la programación en su conjunto y a fondo, no se le puede mandar una nota informativa y una convocatoria de pase fotográfico porque así no se puede informar en condiciones. Espero que para próximas ediciones se reflexione sobre las líneas de cambio que están realizando y hagan cierta autocrítica; hay que respetar a los profesionales que llevan más de medio siglo informando y opinando sobre lo que se muestra en la Comunidad de Madrid, no puede llegar a un gabinete de comunicación o a la dirección de un festival sin conocer a fondo cómo se realizó el trayecto de este evento hasta hoy y gracias a quién consiguió carácter internacional.
Adolfo Simón

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