Revista digital de Artes escénicas -Año 4-

Fuenteovejuna en el Teatro Español

Antonio Álamo en la dramaturgia y Pepa Gamboa en la dirección dan forma a esta insólita
aproximación a Fuentevoejuna que nace como heredera de una de las experiencias teatrales que más revuelo mediático suscitó en la temporada de 2010. En aquel momento se adaptó La casa de Bernarda Alba, como un experimento teatral dirigido a dar voz a los habitantes de El Vacie, el poblado chavolista más grande y antiguo de Europa. Con ello se puso en escena a un grupo de mujeres sin alfabetizar y se les colocó con mínimos filtros ante una montaña de la escena como es la obra de Lorca. Y gustó. Si uno piensa en la etimología de la palabra chabola -vocablo que proviene del francés jaole, jaula-, se entiende mejor el mérito de lo que Pepa Gamboa consigue mostrar y poner de relieve. Con este nuevo montaje, se consigue hablarnos por boca de Lope al tiempo que nos enseña a las gentes de una Sevilla que nunca vemos, la de El Vacie. Este Fuentovejuna es sobre todo un acercamiento a sus voces, sus cuerpos, sus vidas. Sobre la escena se adivina aún alguna referencia escenográfica a su entorno. Se trata de un trabajo más ambicioso que el montaje anterior, que además produce un teatro más completo. La propuesta escénica ha dividido bien el espacio cedido a estas mujeres como testimonio -su realidad, quiénes son y de dónde vienen- y al texto que manipulan. Asimilan la palabra de Lope de una manera natural e interesante por poco afectada, maravillosamente teatral en su sinceridad. La dramaturgia y puesta en escena ha sabido borrar con oficio y sabiduría los rasgos de amateurismo, ofreciendo un espectáculo compacto de teatro. También conviene que la elección del texto es un acierto, en esa pintura llena de fuerza de una revuelta popular contra las instituciones que les aplastan y secan, que roban sus vidas en un sentido más real que metafórico. La propuesta está reforzada por la actuación profesional de David Montero y Bea Ortega, así como la voz en off de Iñaki Gabilondo. Estarán en el Teatro Español hasta el 29 de febrero y merece la pena sentarse en la butaca y disfrutar de este entramado entre lo clásico y lo contemporáneo, la crudeza de la ficción y la aún más cruda muestra de lo real.
Rafael Ruiz Pleguezuelos

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