Revista digital de Artes escénicas -Año 4-

Ante-crítica sobre ABConserva memoria en su pre-estreno en Mira (Cuenca)

Adolfo Simón y su “ Teatro de los Objetos”.
Un viaje de regreso con parada en toda emoción que se recobre.

Aquí aparece lo vario despreciado, en puro olvido, sí, pero custodiando celosamente
la memoria. Son los objetos que al despertar del oscuro silencio, sueñan nuestras
emociones. Inesperada llave, forjada con luces y sombras; un metal inflexible que nos
abre y libera del frío cofre un olvidado tesoro de puros sentimientos. Y ese tesoro
fluye, se reparte sin límite, en río generoso de otro oro que jamás será monedas. No,
será emociones: risas y lágrimas, pasión recuperada o comprendida al fin; juicio tal
vez justo para el amor y el desamor de entonces… Adolfo Simón con su teatro de los
objetos nos ofrece una extrema certeza: saber de nuevo cuánto de lo vivido, todavía,
y acaso para siempre, nos pertenece.

Adolfo Simón viaja, se entrega al viaje con su propio sentir; se abre al diálogo directo con los objetos presentados; se une como uno más al público, y marcha sin guión alguno, hacia los posibles encuentros que esos objetos ofrecen. Su acción, la
dramaturgia presentada funde propuesta y público, sin simbologías ni conceptos a
descubrir, a interpretar, y , pobre intención en este caso, a comprender. Porque a uno
y otro lado, acción teatral y público, aquí y ahora ya no hay frontera ni límite que los separe. La magia és la verdad, la realidad vívida de ese encuentro único. Hay victoria sobre el tiempo del reloj, sobre la norma que adoctrina y prohibe, estableciendo normalidad y locura. Aquí es teatro total en nueva faceta de posibilidades. Como siempre el alma del teatro es el alma humana y, por ello, tan maravillosamente impredecible, inagotable…Pura vida vivida y, sin embargo,siempre todavía por vivir.

Adolfo Simón logra salvar y ofrecernos puro y en directo el latido de lo vario
olvidado. Su teatro de los objetos vuelve de su reposo guardián para soñar nuestras
emociones olvidadas. Y así nos las devuelve. Entonces, todo posible sentimiento
hondo nos regresa limpio, inténso, perfilado en sí mismo. Regresa aquel amor
entonces todavía sin nombre, como quien sueña amar abrazado a si mismo. Igual que
un niño vive sus futuros recuerdos, regresa. Y todo lo ya imaginado y por vivir
entonces… Igual que el solitario que todavía no se reconoce en el espejo añico de las estrellas…

Por y con Adolfo Simón, los objetos hasta ahora dormidos, vuelven sin tiempo para
soñar y devolvernos nuestras más íntimas emociones. Objetos perdidos, fragmentos
olvidados, negados, incluso algo peor a veces que el desprecio : un trozo de cartón,
algún pálido cromo, un humilde botón nacarado que fué ilusión y orgullo, una canica,
estrella aún celosa de un frio brillo, unas gafas de plástico para ver en el juego lo
imposible , CD’s que tuvieron palabras y canciones, fotografías salvadas del tiempo y
de sus fieras uñas… La dentadura falsa, el muñequito que habitó un roscón de fiésta
familiar, ese humilde corazón de cartulina rosa que tal vez proponía algo puro, la
ajada flor de cera en pétalos a punto de fundirse , pálidas conchas, letras que en un
momento nos hablaron , esa muñeca de penumbra tan leve que sigue guardando la
inocencia del niño que llegó a acunar… Mil y una ausencias que el corazón sensible
ya puede rescatar.

Adolfo Simón no es demiurgo ni mago, nó. El con su propuesta y acción “Teatro de
los Objetos” puede rozar la taumaturgia, pero no: se suma y, en dificilísimo
atrevimiento conseguido se funde al público, abierto a la recuperación emocional. Al
mismo tiempo se integra como uno más de los ofrecidos objetos presentados.
La participación presencial de Adolfo Simón está absolutamente al límite
indispensable : es luz, silencios, ritmo sonoro y apenas gestual ; movimiento como de
agua necesaria para que sus cajas tan reales como fantásticas, donde viven de nuevo
los recuerdos, floten y se deslicen por la presentación, como si de una insólita y
nueva “ Arca de Noé” para salvar sentimientos se tratase. Allí se vuelven a guardar
por gracia y maravilla del teatro, tantos latidos recuperados de nuestras vidas.
No es en absoluto justo decir “ Gracias” aunque muy sentidamente ,Adolfo Simón: es
preciso decir algo mil veces más intenso y más próximo; pero yo sé muy bién que
mis palabras no alcanzan para tanta precisión y justícia. Valga, por favor, un vibrante y emocionado silencio.

IVO ELÍAS
Inca, Primavera 2017

 

 

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