Revista digital de Artes escénicas -Año 5-

Casandra de Diana de Paco en el Umbral de la Primavera

Ojalá esta Casandra hubiera estado en el Umbral de la Primavera en su vida, ojalá hubiera tenido oportunidad de ver florecer vida y belleza. Desgraciadamente, la mujer siempre ha estado obligada a esconder su deseo, sus ideas y su libertad bajo tumbas de piedra y fuego. Diana de Paco escribe un gran poema con tinta de sangre y delirio, un alegato en favor de un personaje silenciado y amordazado para que grite a las generaciones futuras y alarme sobre las mordazas de los hombres sobre las mujeres que no claudican al poder ni al sometimiento. Siempre que acudo al teatro a ver un personaje mítico, siento un temblor al entrar a la sala, temo encontrármelo, en tejanos y con el móvil en la mano. Esa idea de la contemporaneidad, a veces, ahoga la poética de otro tiempo y sobre la que hay que indagar para que el discurso sea atemporal. Por suerte, el texto de Diana ha caído en manos de un director, Miguel Cegarra y una actriz, Marina Miranda, inteligentes y sensibles, han optado por el más difícil todavía, sumergirse en un paisaje desolado y sencillo, donde el rito se crea mediante acciones no realistas, donde se invoca al misterio de la escena sin límites, para hacernos trascender en el patio de butacas.
Adolfo Simón

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