Revista digital de Artes escénicas -Año 5-

OPINIÓN

El ángel exterminador en el Teatro Español

Adaptar una gran novela o una película reconocida como de las mejores de la historia es un gran reto. Se puede caer en la complacencia y reproducir de algún modo la narrativa y estética, craso error. Y se puede dar un punto de vista personal, en función del equipo que aborde la revisión de ese material. Evidentemente, la película de Buñuel no ha perdido fuelle a día de hoy y tal vez, la mejor forma de que siga viva es que llegue una adaptación de la misma al teatro ya que es una película que transcurre en interior y eso facilita la traslación a un escenario. Lo más importante es mantener el espíritu y lo que la obra original plantea. En esta propuesta que se ha estrenado en el Teatro Español, se nos muestra en encierro a un grupo de personajes cargados de máscaras tras las que esconden sus miserias y podredumbre. En los interludios de su declive, van apareciendo en el patio de butacas invertido, unos personajes que parece están experimentando la decadencia de este grupo que, una vez liberado, volverá a refugiarse en los brazos de la fe. Aunque el final vuelve a darnos la sensación de que todo sigue igual o que los cambios no serán posibles mientras no haya una autentica extinción.
Adolfo Simón

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La manada en La puerta estrecha

Dentro de los múltiples rincones que tiene La puerta estrecha, la cocina comedor es uno de los más sugerentes, allí espera el público antes del inicio de las funciones y allí, en algunas ocasiones también se han mostrado allí escenas, pero nunca se había hecho una pieza entera en ese lugar. La manada es un tiempo en la vida de unos seres que viven con sus propias reglas, aquí les vemos en un momento de intimidad donde la comida es un elemento que les comunica y expone. La frontera entre la realidad y la ficción es muy fina, apenas imperceptible, a un palmo de nuestras narices, vemos y escuchamos la complicidad y maquinación de un triángulo complejo.
Adolfo Simón


Hablar por hablar en el Teatro Bellas Artes

La radio ha sido y será una pieza fundamental en la comunicación. Muchos de nosotros hemos crecido oyendo radio, a veces más relacionada con el teatro y otras, con la música o las historias. Los oyentes han sido fundamentales y en un formato como el de Hablar por hablar…esencial!. Ahora le ha llegado el turno a este programa de ser traslado a la escena, por un lado, con historias extraídas de la narradas por los oyentes y otras escritas para la ocasión. La escena juega con la idea del programa en directo en el que, a veces, las historias cobran vida y se escenifican frente al ojos del espectador. La realidad se da la mano con la ficción…y los protagonistas de la radio terminan siendo también, protagonistas de la obra de teatro. Un juego de espejos social.
Adolfo Simón


¿Fin? en Nave 73

Jorge y Alicia son una pareja aparentemente consolidada que llega a su FIN. Ponen el punto y final a una relación que, desde el principio, vemos que está rota. Ninguno de ellos se resiste, son conscientes de que la herida es demasiado profunda como para seguir poniendo tiritas. Y tras muchas discusiones, tras haberlo hablado, meditado… Deciden emprender caminos por separado. Pero…¿Qué pasaría si el final fuese un principio en el que poder replantear todo lo que hemos experimentado como seres humanos?. Todo se puede reinventar pero hay cosas que tienen que ver con los sentimientos, que serán eternos, ocurra lo que ocurra. Un viaje en el tiempo y el corazón.
Adolfo Simón


No te asuste mi nombre en Cuarta Pared

No te asuste mi nombre se inspira en un cuento de nuestra cultura tradicional en la que se incluyen poemas que versan sobre la muerte y la vida, nuestra condición efímera y preciosa, de grandes literatos como Espronceda, Lorca, Eduardo Galeano o, el filósofo griego, Heráclito de Efeso. Sorprende y fascina que el teatro para público familiar aborde temas de gran calado con una cuidada puesta en escena.
Adolfo Simón


La tristeza de los ogros en el Teatro del Canal

Este espectáculo supuso la consagración de Fabrice Murgia en el Festival de Aviñón. Ahora llega a los Teatros del Canal en versión castellana.
El 20 de noviembre de 2006, Bastian Bosse, alemán de 18 años, disparó a cinco compañeros de su instituto. Después se suicidó. Había cumplido con precisión el plan que había anunciado en las redes. Unos meses antes, la austriaca Natascha Kampusch, de la misma edad, escapaba de la casa donde había vivido diez años secuestrada. A partir del blog personal de Bosse y de las entrevistas que Kampusch concedió durante y después de su hospitalización, la primera obra de Fabrice Murgia trama una fábula que muestra el desconcierto de su generación. Pero él matiza: «No es una obra sobre Kampusch y Bosse, sino sobre la pérdida de la infancia».
En la nueva línea de programación de los Teatros del Canal, nos encontramos ante otra pieza enigmática. Una propuesta escénica en la que un ogro febril hace de maestro de ceremonias para mostrarnos la intimidad y obsesión de los personajes. Cuesta creer que los seres sobre los que se ha ficcionado, han existido en realidad, como reza el dicho…”A veces, la realidad supera la ficción”. Durante algo más de una hora, entramos en la cabeza de estos personajes para saber qué les mueve hacia el dolor y el delirio. No nos encontramos un juicio sobre ellos, la pieza deja abierta la posibilidad de que nosotros, descubramos las razones por las que estos personajes sucumben al abismo del horror. No hay juicio ni justificación, lo terrible es la exposición cruda y dura.
Adolfo Simón
http://www.teatroscanal.com/espectaculo/fabrice-murgia/


Pájaros que bailan

No siempre hay coincidencias temáticas en la cartelera de Madrid y menos si tienen que ver con la danza. Esta semana se han estrenado dos piezas donde los pájaros son el denominador común de la pieza.
Guintche es el nombre de un pájaro en Cabo verde y también se llama así a las prostitutas. Marlene Monteiro Freitas realiza un rito corporal salvaje, en la primera parte su cuerpo se divide, sus piernas están en frenesí constante y la parte superior de su cuerpo, genera múltiples expresiones y juegos mímicos. Conforme abanza el rito tribal, va descomponiéndose de su piel de pájaro para convertirse en un ser frágil lleno de miedos y fantasmas que traduce, en movimientos neuróticos, a través de su puesta en la escena en la sala Negra del Teatro del Canal.
Black apple y los pájaros sellados es la última creación de Chevi Muraday que se ha estrenado en la sala Margarita Xirgu del Teatro Español. En ella aborda una propuesta donde la teatralidad es el eje de la función. Texto, movimiento y espacio escénico construyen momentos de gran intensidad dramática. Un viaje onírico al miedo que atenaza nuestras relaciones personales, conviriténdolas en mundos a la deriva.
Adolfo Simón