Revista digital de Artes escénicas -Año 5-

OTRO LUGAR…

“Tipical Ispanis-La decalogía de la copla”. El Curro DT en Mira, dentro del programa MiraDanza II del Centro Dramático Rural

Coplas a Mira, coplas a la vida, coplas a los lunares, la copla eterna.
Este sábado pudimos disfrutar de este espectáculo llevado a cabo por la Compañía El Curro DT en la plaza del pueblo de Mira (Cuenca)
Un guiño lleno de humor, imaginación, ingenio, actitud y sobre todo otra mirada de la música folclórica de España.
La plaza se tiñe de lunares. El público asistente disfruta rememorando las canciones de antaño mientras nuestros ojos ven a un carismático grupo de bailarines sintiendo en el alma la música. Un chute de copla por las venas y el eco permanente de los “Olé”.
Bonita manera de seguir bailando las calles. Deben de sentirse Bien Pagá, después de cumplir 20 años danzando por un boulevard llamado mundo. Seguramente hubo más de alguna María de la O que se sintió identificada con todo aquello. Y muchas Violeteras que pían sin parar. Y sin embargo, queremos seguir sintiendo a El Curro DT porque nos daría mucha Pena, penita pena, que todo acabase. Sigan bailando y sigan teniendo la misma fe por La Virgen del Palo.
Gracias por hacernos partícipes de este gran momento.
Dave Aidan

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Paseando de museo en museo

La casa-museo Lope de Vega se encuentra situada en el carismático barrio de las letras. Este lugar no solo organiza visitas guiadas por la estancia, si no que gestiona actividades paralelas como la ocurrida esta mañana. En este caso se tratada del acercamiento a uno de los primeros manuales referidos a las danzas de la época, llegando a recoger más de setenta tipos y normas estrictas en cuanto al protocolo que debía llevarse con rigurosidad. Una actividad de lo más curiosa, aunque no la única. La Casa América expone actualmente una propuesta llamada “Chaco Ra’anga“ que recoge un proyecto colectivo sobre doce viajeros de Argentina, Bolivia y Paraguay, dónde recorrieron el Gran Charco Americano. En este caso nos podemos empapar de un material altamente sensible y rico, pero también de una forma que invita al visitante a recorrer las salas con mayor expectativa. Una forma que traza un puente entre lo aborigen y lo tecnológico, donde los sentidos acaban cobrando protagonismo. A unos metros de distancia y ya empezada la tarde, podemos acercarnos al Palacio de Velázquez para acompañar a Esther Ferrer en una de las performas que realizará esta semana. Hoy hemos partido desde el Retiro para recorrer, parte de el mismo y la ciudad de Madrid. Durante dos horas se ha podido ver deambular a un grupo polifónico que causaba tal expectación que iban acompañados con las miradas sorprendidas los turistas. Si por el contrario no nos apetece deambular podemos optar por La Casa Encendida, dónde ahora mismo se puede visitar la exposición de Marcel Dzama “Dibujando una revolución”, que nos ofrece un amplio catálogo de técnicas que van desde el dibujo al video-performance, sumergiéndonos en su particular universo. Todo ello unido por la ironía, los disfraces, la violencia, el sexo, la muerte, la música y la danza; que se entremezclan para darnos reflexiones acerca de nuestro propio mundo actual. Por si fuera poca la carga de esta última opción, a unos pocos metros, en el Reina Sofía, podemos cerrar la tarde con la propuesta de Thiago Granato “Trança”. Se trata de una investigación y creación, sobre que ocurre cuando se rompe la barrera entre el yo y el otro. Una danza que teje las líneas entre las fuerzas internas, sentimientos y sensaciones, para darles cuerpo en escena. Un viaje por el tiempo y el cuerpo.
Patricia Jorge


Madrid, ciudad sin fin.

Dicen que Madrid es la ciudad que nunca duerme y no le falta razón. Si a uno le gusta transitar y dejarse embaucar por todo lo que esta ciudad puede ofrecer, sabrá que la pequeñez se queda en una mera idea. Un sábado del mes de noviembre es capaz de ofrecernos jornadas como la llevada a cabo por el “Coño’s Project” en la Tabacalera. Un día entero dedicado a actividades, conciertos, puestos, talleres, comida, arte y demás entretenimientos; para reunirnos en torno a la mujer y el papel que esta juega hoy en la sociedad. Avanzando y adentrándonos en la tarde, La NeoMudejar, otro espacio imprescindible, nos trae un visionado de vídeo-performance de la mano de Pancho López, que hace un recorrido por numerosas propuestas Iberoamericanas y abre la veda a la reflexión y el intercambio de opiniones sobre este modelo de arte. Si estos dos eventos no fueran lo suficientemente atractivos, cosa que resulta casi imposible, se puede optar por acudir a alguna de las salas de teatro alternativo que más esta resonando esta temporada, el Teatro Pradillo. Este espacio recoge numeras apuestas por la creación y la investigación a nuevos lenguajes. En este caso se trata de “Pickpocket” una arriesgada reflexión acerca de lo que podríamos denominar “cultura”. Un autentico pulso a la belleza y a la libertad, un cántico desafinado que resuena en el vacío. Sin nada que perder se adentran en una lucha más que reflexiva que no deja indiferente a vencedores o vencidos. Un gran cierre para poner punto y final a un sábado cargado de tanta variedad como opciones posibles.
Patricia Jorge


Cocina y narración Senegalesa

La comida es esa cosa tan común y necesaria del día a día que realmente poca son las veces en las que somos conscientes de lo que el comer conlleva consigo. A medida que nuestra civilización avanza y se endurece por el conocimiento y la llegada de la tecnología; la alimentación no podía verse ajena a sus efectos y es por eso que hoy día contamos con numerosas vertientes en cuanto a este tema concierne. Los bodegones en la pintura, la iconografía en el cine o la literatura, la experiencias gourmet o incluso la alimentación espacial… son corrientes de desarrollo que se han ido dando según el momento social de la época. Y es que la comida, indispensable para la vida, nos acompaña y acompañará por todo este absurdo viaje que va desde que nace el primer ser micro-biológico hasta que este se extinga en su totalidad.
En este caso, en pleno siglo XXI dónde los seres vivimos nos preocupamos por todo aquello que abarca la circunferencia de mi propio ombligo, tratando eso sí de estar a la ultima en tendencias alimentarias, olvidamos todo aquello que consideramos ajeno. Tratamos en muchas ocaciones el mestizaje como algo cool o alternativo, ¿quién no se ha pasado por los hindúes de las calles de Lavapies? ¿O por los mexicanos del Barrio de las Letras?. Ahora bien, me pregunto ¿cuantas personas son realmente conscientes de que el sencillo acto de comer lleva consigo mucho más que cubrir la necesidad nutricional?. Compartir una comida va de un acto social, de la unión de personas, que al rededor de una mesa, comparten durante un momento sus vidas. Personas de diferentes puntos del planeta, personas que arrastran su cultura allá a dónde van. Personas que preparan en sus recetas, la mismas que preparaban sus abuelos, los platos que marcan sus vivencias personales.
Cuando se juntan un mantero senegalés, un uruguayo cocinero, una madrileña feminista y una viejecita del portal de al lado; para prepara una cena, que cocinaran juntos y a posteriori disfrutaran; una se da cuenta de que las mayores diferencias ideológicas se reducen en saber si es la cantidad correcta de aceite. Una vez más, actividades como esta hacen que la conciencia se vuelva pregunta y que la reflexión invite a cuestionarnos si realmente las barreras están en las fronteras o en nuestras propias mentes.
Patricia Jorge


Nadie me lo ha contado; yo lo he visto

La vida, que está siendo razonablemente generosa conmigo en todo, también ha alfombrado con tejidos de diversos colores –que todo hay que decirlo– mi carrera teatrera. Esta ya larga trayectoria me ha permitido unas veces calzar zapatos de hebilla y otras acordonar zapatillas todoterreno, pero, ya sea con maleta o mochila, siempre me he sentido “gato con botas” tragando leguas y zancajeando de un lado a otro para asistir a jornadas, seminarios y congresos de pretendido fuste, y también a conferencias más de andar por casa… en España y fuera de ella, en universidades renombradas y centros culturales de presupuestos varios.

…Y cuando ya creía haberlo visto todo, el incesante ajetreo del “viaje a ninguna
parte” ha tenido a bien regalarme una sorpresa impagable: me ha dejado caer por Mira, un pueblecito, de alboradas de kikirikí y atardeceres sosegados, perdido no ya en la geografía conquense, sino yo diría más: engullido por la recóndita belleza de su propio entorno. Pero… ¿dónde está Mira?, ¿qué hay en Mira?

Acomódense a conveniencia, silencien los móviles y presten la atención requerida en casos como este: Mira –una de cuyas casas vio nacer hace medio milenio a Antón Martín– hoy está en un mapa inexistente, dibujado tan solo en la imaginación de Adolfo Simón. ¿Pinceles…? Los de sus férreas voluntad y constancia. ¿Pinturas…? Las de su inmenso amor al teatro…Y en Mira hay, hay… ¡No sé cómo describirlo! A ver… Yo diría que me he encontrado unos tarros de genuinos aromas escénicos, unos frascos que, al destaparlos, me han obsequiado con las fragancias del teatro en su estado más auténtico, con las esencias puras del carro de Tespis.

¡Cuánta sabiduría cabe en Adolfo, que no olvida sus orígenes y edifica sobre ellos…! ¡Cuánto amor al teatro y cuánto amor a su pueblo…! En ningún otro sitio he experimentado sensaciones como las vividas en su Centro Dramático Rural… Sí; he dicho bien: en “su” Centro…

 

Porque en él, entre sus desconchadas paredes, he descubierto la inmensidad del alma de Celia, de quien aseguran que en vida fue analfabeta de ortografías y gramáticas, pero su espíritu deambula por el teatrito –a imagen y semejanza del de don Ramón, de mi querido Pepe Martín Recuerda– al lado de Yermas, Belisas, Desdémonas y otras eternas inquilinas de la escena.

Porque en él, entre sus rincones de variopintos anaqueles, me he tropezado con el imperecedero recuerdo de Paulina, que, ceñida con el aura de la sencillez y la humildad que regalan los aires rurales, a partir de ahora también custodiará páginas de mi propia cosecha, personajes que mi musa ha tenido a bien regalarme.

 

Porque en él, a la puerta de este mundo recubierto de añil, no hay leones que vigilen “cosas”; porque la “cosa” que ha de ser guardada no se ve, va impresa en el interior de Adolfo, en el corazón del teatro. Bajo el dintel de entrada, sus jambas están flanqueadas por Celia y Paulina. Nadie me lo ha contado; yo lo he visto.

Mi lengua siempre contará que mi Federico, de la mano de Elena Bolaños y Matthieu Berthelot, se hermanó en “Ca de Celia” con tan ilustres anfitrionas; que en su biblioteca le di el primer abrazo a su descendiente Adolfo Simón; y que deambulando por el dédalo de callejuelas sellé con Dave Hitchcock una amistad cuyo origen se pierde, allá por las postrimerías de la pasada centuria, en el Ateneo madrileño.

Si Mira es teatro y Adolfo es teatro, yo, que he hecho del teatro uno de los ejes centrales de mi vida, al hablar de él no puedo olvidarme de la cuarta pared, de la línea imaginaria que separa la escena de ese patio habitado por quienes realmente dan aliento a los personajes: el público. Amantes del universo de Talía, como JJ, Lorena, Jenny, Coralys, Jackeline y Mendy, capaces de acompañar a Dave desde las Américas hasta este punto difuminado en la imaginación de Adolfo, en pos de un encuentro con el teatro desnudo, desprovisto de todo aditamento comercial, nos señalan –quizá sin pretenderlo– que el camino que hay que seguir es el de Mira. Porque Mira es el Teatro (sí, con mayúscula). Nadie me lo ha contado; yo lo he visto.

José Moreno Arenas
Albolote, 19 de julio de 2017.


Karenina Express en Fóra do Mapa

A principios de junio se celebraba en Ferrol el Festival de Artes Escénicas Fóra do mapa, que se caracteriza por la realización de actividades y espectáculos en lugares descontextualizados, abandonados o en desuso. En este contexto pudimos asistir al espectáculo de Adolfo Simón.
Karenina Express tuvo lugar en La espuma, una de las tiendas más antiguas de la ciudad. Había gran expectativa, se hizo un pase a mayores, aún así tuvo que quedar público fuera y Adolfo no defraudó.
Nos adentramos en la oscuridad del viejo ultramarinos y allí, sobre el mostrador una leve luz ilumina lo que parece una montañita de nieve. Con las manos a los lados y dejando su rostro en la penumbra vemos Adolfo Simón, cual medium esperando a ser invadido por el espíritu de la historia que nos contaría a continuación, a través de los personajes y los símbolos de sus relaciones, que van emergiendo de entre la nieve y de ese maravilloso libro de artista. Como si de un sueño se tratase, arropados por la música, viajamos por las pasiones que arden en la nieve.
Quince minutos después acaba el espectáculo y allí estamos todos. Inmóviles, como niños esperando que no se haya acabado realmente. Queremos ver todo lo que se ha utilizado aún más de cerca, nos cuesta salir y lo hacemos de mala gana. Ya fuera, comprobamos que nuestras miradas tienen un aire común, una chispa que delataba que habíamos estado expuestos a alguna clase de extraña magia.
Cristina Mariño

foto: Juanpa Ameneiros


Barro y masculinidad

Hace unos días, en Madrid, se presentaron dos experiencias escénicas no convencionales. En Conde Duque, se llevó a cabo una propuesta multidisciplinar para celebrar el solsticio de verano donde la danza, la videocreación y las artes plásticas se dieron la mano. Sharon Fridman, en Barro, concibió una experiencia sensorial donde la escena de convirtió en una construcción de volúmenes arquitectónicos de luz y sonido.
Y en Matadero Madrid, tras una serie de sesiones de investigación-workshop previo de una semana, conducidas por Sylvain Huc se llegó al resultado de Gameboy, realizado con intérpretes afincados en Madrid y bailarines provenientes de Toulouse y Barcelona, Gameboy ofreció la oportunidad de preguntarnos a nosotros mismos cómo pensamos la masculinidad, su carne, su piel y su presencia.
Adolfo Simón