Revista digital de Artes escénicas -Año 8-

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Luis Miguel González Cruz en verano…

Luismi¿Qué balance artístico haces de este año?
Pues este año de crisis ha sido bastante fructífero pues, aunque siempre en el extranjero, he montado un par de obras y realizado talleres de escritura para el cine y el teatro. Trabajé con Pequeño Teatro de La Paz para poner en escena DE PUTAS que montamos en una pasarela de modas en pleno Centro Cultural de España en La Paz.
Además, ha sido muy interesante poder trabajar con Maritza Wilde en su texto 6 oficios, a saber, que podremos ver en España en el otoño.

¿Cómo estás pasando el verano?
Este verano me espera frío, pues vuelvo a Bolivia (donde es invierno) para montar mi última obra “Milagro” con Christian Castillo y Mary Carmen Monje. Así pues, vacaciones… los cojones.

¿Has visto algún espectáculo interesante?
Me gustó mucho Fragmente, de Lars Norén, así como Esto es una silla, de Caryl Churchill dirigida por Juanma Romero Gárriz.

¿Qué libro estás leyendo?
Ahora estoy rondando la novela y el periodismo sobre la Guerra Civil española. Estoy leyendo La novela número 13 de Wenceslao Fernández Flórez y The Starched Blue Sky of Spain de Josephine Herbst.

¿Proyectos para el otoño?
El otoño vendrá con nuevos trabajos pues, además del montaje de 6 oficios, a saber… de Maritza Wilde, montaré uno de los últimos textos de Raúl Hernández Garrido: El procedimiento que, espero, cause escándalo. Todo eso lo veremos en noviembre.

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Esto es una silla de Caryl Churchill en la SalaTriángulo-La Alternativa

El montaje que propone la compañía Vuelta de Tuerca basándose en el excelente texto de la dramaturga inglesa, viene como una petición urgente de socorro ante la debacle actual. En el escenario se disponen once actores desperdigados como átomos solitarios que irán relacionándose entre sí con la precisión y armonía con la que se engarzan los instrumentos en una pieza de jazz. Entre los personajes se distinguen diversos estratos sociales que sin embargo comparten una misma esencia: la soledad. Todos van a ser el fiel reflejo de lo que significa vivir en una sociedad individualista, donde reinan el capitalismo y el egoísmo extremo, tanto, que da miedo. Es una obra cargada de emociones que agitan al espectador sacándolo de su zona de confort. Uno se resiste a identificarse con una realidad así, pero en nuestro fuero interno somos capaces de reconocer pinceladas que nos son más familiares de lo que quisiéramos. Cada escena va previamente anunciada con una especie de titular que se proyecta y se escucha de un modo inquietante: “La guerra en Afganistán”, “Pornografía y censura”, “Cambio climático” entre otros. Así, con estas “advertencias”, se sitúa al público en un estado de apertura mental que ayuda a procesar lo que se ve a continuación, cerrando el círculo del posible sentido que vayamos a darle. Es un teatro más intuitivo que racional, donde no se necesita entender (en el sentido literal de la palabra) cada cosa que se presencia, sino que será la sensibilidad de cada uno la que asimile aquello que nos están contando. Es de agradecer que se haga un teatro así: comprometido, contemporáneo y de calidad. Caryl Churchill aún está viva, como nosotros, y desnuda el s. XXI ante nuestros ojos cuando aún estamos a tiempo de hacer algo, aunque sólo sea avergonzarnos. Los actores están rebosantes de energía y eso impregna al público, al que definitivamente se meten en el bolsillo con una sorpresa de rabiosa actualidad que tiene lugar hacia el final de la obra… Repiten en mayo, recomiendo que vayan.
Nora

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Legado teatral del siglo XX en Casa Encendida

El sótano de la Casa Encendida, con aforo a rebosar, asiste a la reproducción de un interesante y bien montado vídeo sobre el s. XX y sus catástrofes, (algunas enmascaradas como ‘avances’), a modo de introducción a lo que será una tarde dedicada a Caryl Churchill. Esta peculiar dramaturga inglesa se interesa por temas como la represión, especialmente la de la mujer, la injusticia sociopolítica y los deseos escondidos que alberga el ser humano. Cuatro actores, mediante una especie de lectura dramatizada, nos muestran cómo escribe Caryl Churchill, cómo suena, qué palabras escoge, y de esta manera proponen lo que podría ser una opción para acercarse a la dramaturga. El lenguaje es evocador, cargado de símbolos y metáforas para explicar situaciones que no son lo que parecen, que se hayan escondidas en el subtexto. Los actores nos leen Far Away, también la interpretan a veces, mínimo juego de luz, mínimas acciones para contextualizar. ¿Resultado conseguido? El público está lejos. Lejos de ella, de Caryl Churchill, no como título de la actividad, sino como realidad que defrauda. Poca intención, mínima implicación, el trabajo actoral no funciona. El texto, al final, resurge como un ave fénix y con su carga de imaginación y mensaje brechtiano mantiene un quebradizo hilo de atención, a duras penas seguimos conectados. Churchill 1-Propuesta de montaje 0.
Sin embargo, ganas (todas) por investigar más a fondo en la vida y obra del aperitivo de Churchill que nos han ofrecido.
Nora

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