Revista digital de Artes escénicas -Año 8-

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Nuria Benet: El teatro es el arte en el que el contacto con el público es más directo

benet¿Cómo fueron tus inicios en el teatro?…
Cuando era adolescente me debatía entre dedicarme a la interpretación o a la música. Shakespeare y el hecho de que en mi casa ya había muchos músicos me hizo inclinarme hacia el teatro. Mi debut profesional se produjo en Londres, donde fui a continuar formándome tras acabar la licenciatura de arte dramático en la RESAD. Al final, estuve formándome y trabajando en el Reino Unido como actriz durante doce años. Regresé cuando Jordi Milán, director de La Cubana, con quien había trabajado en una producción en inglés, me hizo una oferta que no pude rechazar y entré en el elenco de Cómeme el Coco, Negro.

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¿Qué es el teatro para ti? ¿Por qué haces teatro?
El teatro es el arte en el que el contacto con el público es más directo. Es un arte, cuya obra está en continuo cambio y evolución, que necesita al espectador para poder alcanzar su forma final y que, dada su naturaleza efímera, sufre la paradoja de que cada momento que vive es momento que muere y esto le confiere una valía añadida.
Al disfrutar de esta íntima relación con la platea el teatro puede ejercer un efecto directo en los espectadores, puede despertar conciencias, movilizar, emocionar y, por qué no, entretener y divertir.
Si a todos esos elementos se le añade el placer que esa comunión entre escenario y auditorio me produce, será fácil comprender por qué he elegido el teatro como modo de vida y, efectivamente, eso es en lo que se convierte: tu vida.

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¿Qué balance harías sobre tu trayectoria?
He tenido mucha suerte a lo largo de mi carrera. Es cierto que uno solo puede subir al tren de la suerte si está en la estación, preparado y dispuesto para poder cogerlo. Es decir, creo firmemente en la formación, y estoy convencida de que parte de la razón por la que nunca me ha faltado el trabajo es por mi versatilidad; y esa versatilidad, aunque tenga algo de innata, es fundamentalmente resultado de mi afán por educarme y seguir formándome como artista.

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¿Qué función crees que ha de tener el teatro para la sociedad de hoy?
El teatro, para poder sobrevivir, ha de entretener con productos de calidad que motiven a productores, compañías y púbico por igual a continuar manteniéndolo vivo. Tiene que haber montajes dirigidos a diferentes públicos, pero siempre intentando alcanzar la excelencia, tanto si es un producto meramente comercial, como si es un infantil o una obra más intelectual. No hay que educar al público, ni ser condescendientes con él, hay que movilizarlo, hacerle reír, llorar, pensar, analizar, olvidar, provocar… cualquier emoción es buena, pero ha de producir algún tipo de marca en el espectador para que salga tocado y quiera volver.

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¿En qué proyectos has participado durante el último año? Háblanos de ellos
Llevo un par de años de mucho trabajo (¡toca madera!). Dada la precariedad laboral que existe acepto prácticamente todos los proyectos que me ofrecen e interesan; las compañías son conscientes de la situación actual y ofrecen cierta flexibilidad con las fechas, aunque también se está convirtiendo en algo habitual el compartir personajes.
Este último año he participado en: La Ópera del Malandro, de Chico Buarque, estreno absoluto en España del musical brasileño basado en la Ópera de los Tres Peniques de Brecht. Con él gané el Premio Garnacha a la Mejor Actriz de Reparto. Junto a Teatro Defondo, la compañía que produjo este musical, dirigida por Vanessa Martínez y producida por Pablo Huetos, estoy en otros dos montajes: Los Atroces, una creación colectiva basada en el mito de los de Átridas y en El Sueño de una Noche de Verano, una versión familiar del clásico de Shakespeare. También actúo en El Extraño Caso de la Marquesa de Vadillo, dirigida por Luis Crespo y producida por Teatro del Zurdo, compañía en la que también soy asidua y por cuyo montaje, La Ventana de Chygrinskiy, de José Ramón Fernández, obtuve el Premio Arcipreste de Hita a la Mejor Actriz. Además interpreto el papel de Maestra de Ceremonias en NOC, Un Auténtico Vodevil, dirigido por David Quintana, un cabaré original y muy divertido con el que llevamos tres temporadas en la cartelera madrileña. Por último, participo en el montaje celebración del vigésimo aniversario de Teatro del Astillero, dirigido por Luis Miguel González, titulado Los Charlatanes, una sátira de humor negro sobre el panorama social contemporáneo.benet8

¿Cómo surgió tu participación en las obras que tienes ahora en cartel en Madrid?
Para La Ópera del Malandro hice cásting y a raíz de allí me convertí en miembro asiduo de Teatro Defondo.
Como he dicho, El Extraño Caso de la Marquesa de Vadillo, es mi segundo montaje con Teatro del Zurdo, la primera vez que trabajé con ellos, bajo la dirección de Luis Bermejo, fue gracias a que este vio mi trabajo en Cómeme el Coco, Negro y pensó en mí para su próximo montaje.
Para NOC fui recomendada por alguien que había visto mi trabajo en La Ventana de Chygrynskiy.
Y para Los Charlatanes también los miembros de Teatro del Astillero habían seguido mi trayectoria con Teatro del Zurdo.

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Háblanos de estos trabajos…¿Cómo han sido los procesos?
Muy variados.
Con La Ópera del Malandro, al ser un musical con música brasileira, nos sumergimos en la cultura de este país – hasta tuvimos coaching in fonética brasileña.
En Los Atroces, la tarea titánica de adaptar en una hora y media una saga que comprendía una miríada de personajes e historias entrelazadas, hizo que el trabajo de mesa fuera intenso y extenso. Una vez que tuvimos el esquema narrativo comenzamos a improvisar cada escena, estas eran grabadas y la directora, Vanessa Martínez, las transcribía y daba forma.
El Extraño Caso de la Marquesa de Vadillo tuvo un proceso más “tradicional”. Al partir de un texto ya escrito, los ensayos se desarrollaron con normalidad, aunque la dramaturgia fue cambiando y evolucionando a medida que el espectáculo iba tomando forma.
Los Charlatanes también ha tenido un extenso periodo dedicado al trabajo de mesa. La obra es un amalgama de escenas que tocan diversos temas actuales y a lo largo del proceso hemos ido seleccionando las que mejor funcionaban, o bien a nivel teatral, o bien a nivel de coherencia de contenido.

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¿Cómo creas tus personajes? ¿Tienes un método?
No tengo un método establecido, este va cambiando dependiendo del tipo de montaje y proceso de ensayos. Algo que sí que necesito tener claro es la imagen del personaje. Esta puede aparecer (aun a riesgo de que suene manido) en un sueño, o puedo ver al personaje sentado en frente de mí en un vagón de metro, o reflejado en las páginas de una novela, o en un cuadro, o simplemente me viene un flash visual o una sensación física y a partir de ahí se va construyendo. Sin embargo, creo fervientemente en que, tanto si se trabaja de dentro a fuera como de fuera a dentro, el personaje tiene que respirar, tiene que retorcérsele las tripas, tiene que acelerársele el corazón, en resumen, tiene que tener verdad.

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¿Cómo crees está afectando los recortes y el aumento del I.V.A. a los proyectos de teatro?
Muy negativamente. Si ya antes era difícil movilizar al público para que viniera al teatro, ahora el factor psicológico de la subida del IVA va totalmente en contra de nuestra industria. España es un país donde el ir al teatro todavía no forma parte intrínseca de la cultura, como ocurre en el Reino Unido. Ponerle más trabas a que esto ocurra es contraproducente para la cultura de nuestro país.
Es cierto que, en contraposición, los teatreros hemos sabido movilizarnos para sobrevivir; se han creado nuevos espacios (como La Casa de la Portera) y nuevos géneros (como el Microteatro) que son un grito de rebeldía ante lo establecido. Pero existe la multiprogramación a la que están avocadas las salas y el demasiado frecuente “a taquilla” que proponen las compañías está teniendo un doble efecto. Por un lado, la amateurización de la profesión: cualquiera puede hacer teatro con muy poco dinero y sin pagar a nadie, teatro que las salas contratan porque tienen que llenar todos sus horarios – en general, no existe un filtro de calidad o coherencia artística a la hora de programar. Y por otro lado, poca gente puede vivir del teatro, con lo que, o, haces como yo, y estás en tropecientos proyectos, o tienes un trabajo paralelo que te dé de comer y te impida comprometerte plenamente a los proyectos teatrales, o eres una niña bien a la que su familia le subvenciona cual mecenas florentino. Es absolutamente necesario introducir la ley del mecenazgo cultural para que con la introducción de capitales privados se pueda reavivar y dar a la cultura la importancia y lugar predominante en la sociedad que se merece.

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¿Qué montaje que hayas visto últimamente, te ha interesado?¿Por qué?
La paradoja del actor es que cuando trabaja no puede acudir al teatro e interesarse por lo que está en cartel. Así que, por desgracia, últimamente no he podido acudir mucho al teatro. Lo último que vi y que me interesó profundamente fue Trilogía de la Ceguera de Maeterlinck en el CDN. Cada obra corta era dirigida por un director joven y, aunque mantenían una coherencia formal, eran muy diferentes entre sí. Me pareció una idea muy positiva para dar a conocer repertorio clásico y mostrar el trabajo de jóvenes artistas.

¿Proyectos?
Ya sabes lo que se dice de los proyectos… que si se habla de ellos se truncan… así que hago mutis elegantemente.

¿Alguna sugerencia para seguir creando en tiempos de crisis?
Estrujarse la mente y la imaginación para seguir creando espectáculos de calidad que reten e interesen al público; reivindicar unos mínimos para que nuestro gremio no sufra; plantarse ante una industria que cada vez exige más y da menos, sin perder de vista los enormes esfuerzos que hacen las compañías para llevar un montaje adelante; y no olvidar que el teatro embellece y mejora la vida, la sociedad y la cultura.


VANESSA MARTÍNEZ nos habla de sus experiencias para la escena

vane¿Cómo fueron tus inicios en el teatro?…¿Realizaste otras facetas además de la dirección?…
Yo aterricé en el teatro a través de la ópera. Estudié la carrera de canto y durante bastante tiempo me dediqué a la lírica. De hecho, cuando empecé a estudiar interpretación actoral con Juan Pastor en la escuela Guindalera tenía toda la intención de aplicar esos conocimientos a la construcción de mis personajes operísticos, pero en el camino descubrí que mis ideas sobre la puesta en escena en ópera no encontraban reflejo en la realidad escénica que me circundaba, y decidí estudiar dirección para cambiar esa realidad. Con tan noble intención comencé la carrera de dirección de escena en la RESAD. Y durante ese viaje apareció Shakespeare y apareció el teatro del siglo de oro español, y entendí que aquello que amaba en la ópera (la forma musical) era el sustrato del teatro clásico, en especial del teatro en verso. Así que he estado compaginando la dirección de teatro clásico y ópera durante 12 años, aplicando lo aprendido en un medio al otro, y viceversa.

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¿Tu trayectoria en el teatro lo has compatibilizado con otros trabajos?…
Sí, muchos. Como estudié magisterio en la especialidad de educación musical, he sido profesora de música en colegios. Guardo especial recuerdo de mi experiencia de cinco años en el colegio Estilo, dirigido por la gran pedagoga Josefina Aldecoa, de quien tanto aprendí. Pero sin duda de quien más aprendí fue de los niños: digerí su capacidad de asociación libre, su ausencia de preconceptos, su vivencia del proceso por encima del resultado… Además he seguido trabajando como soprano, en producciones propias y ajenas, y también he sido directora de coro. Uno de los trabajos que más me ha gustado y que ha sido un compendio de mi formación teatral y musical, ha sido la dirección musical del espectáculo “En este vida todo es verdad y todo es mentira” de Calderón de la Barca para la CNTC, dirigido escénicamente por Ernesto Caballero, hacia quien no tengo suficientes palabras de agradecimiento. Luego repetimos formato en “Montenegro” para el CDN, donde me atribuyó las funciones de entrenamiento vocal y arreglos corales. Todo aquello que fusione música y teatro es el mejor de los paisajes para mi.

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¿Qué balance harías sobre tu s trabajos?…Háblanos de los montajes más significativos…
El balance, con perspectiva, es inmejorable. Llevo 12 años trabajando y he dirigido más de 20 espectáculos teatrales y más de 10 óperas. Todo ello surge, por supuesto, de la inversión vital, económica y emocional de los dos componentes de Teatro Defondo, que somos Pablo Huetos, (productor, actor y alma mater) y yo. Esta inversión no siempre ha sido productiva a corto plazo pero me ha permitido aprender mucho y muy deprisa, desarrollar todo mi imaginario, sin restricciones, sin mediadores, con una confianza y una ilusión algo suicida. Todo ha sido muy intenso, todos los espectáculos son hijos míos. Incluso algunos que al principio sentía como ajenos, cuando el día del estreno me senté en el patio de butacas, me quedé con la boca abierta. “¡Pero si yo estoy ahí, y no me había visto!”.
Si tuviera que elegir tres espectáculos especialmente relevantes para mi serían:
1. “El maestro de danzar” de Lope de Vega, mi primer clásico español, mis primeros pre-mios como directora, mi primera gira grande.
2. “Mucho ruido y pocas nueces”, de W. Shakespeare, mi primer Shakespeare (vinieron tres mas, ¡y todos los que quedan!), con el elenco más grande que he dirigido en teatro hasta la fecha, y aderezado con la maravillosa presencia de Will Keen como asesor y maestro, de quien tantísimo he aprendido.
3. Y finalmente “Don Giovanni” de W. A. Mozart, que tuve la enorme suerte de dirigir en gran formato en el Templo de Debod delante de 1000 personas. Este espectáculo fue probablemente el más personal de todos los que dirigí. Cuando tenía 18 años y empezaba a cantar, mucho antes de saber que yo alguna vez sería directora de escena, escuchaba incesantemente Don Giovanni y lo imaginaba todo en mi cabeza, intención por intención, escenario tras escenario, incluso me hice una especie de (entonces ni sabía lo que era) cuaderno de dirección con diagramas de movimientos escénicos. Almacenaba esa ópera desde hacía 15 años cuando finalmente la estrené. Fue un proceso increíble, los dos elencos ensayaron dos meses y medio 7 horas diarias… Conseguí realizar, gracias a un equipo de cantantes jóvenes talentosísismos (entre los que destaca el grandísimo barítono mejicano Manuel Gorka) el Don Giovanni que existía en mi cabeza. Verlo estrenado fue una emoción muy intensa.

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¿Cómo surgen las ideas y los proyectos en los que te embarcas?¿Qué te anima a participar en ellos?…
Mi motor es siempre el amor. Yo me enamoro de los textos, o de las músicas, y entonces empiezo a generar imágenes y sonidos. Mi devoción por la forma, adquirida a través de mi trayectoria en la lírica, me decanta por aquello que revela un enorme contenido a través de una forma estricta y perfecta. El cómo es para mi tan importante como el qué. Y creo que he hallado en Shakespeare y en Mozart el balance perfecto entre los dos.

¿Ha sido importante tener unos colaboradores habituales en los equipos artísticos y técnicos?…
Ha sido vital. He tenido la inmensa fortuna de contar con compañeros/as maravillosos en mi carrera: Pablo Huetos, por supuesto, y una enorme cantidad de actores fantásticos como Pedro Santos, Mon Ceballos, Gemma Solé, Javier Román, Celia Nadal, Maya Reyes, Vicente Colomar, Carmen Gutiérrez… seguro que me olvido muchos. Ellos han sido mis maestros y mis compañeros, hemos podido crear un grupo más o menos estable de “habituales de Teatro Defondo” del que nos sentimos orgullosos.

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¿En qué proyectos has participado durante el último año?…
Esta temporada pasada la comencé estrenando en el Teatro de la Maestranza el espectáculo “Dos pianos con Pasión”, que escribí y dirigí, interpretado por Pasión Vega junto al Dúo Del Valle, y que se acaba de estrenar en el Teatro de la Zarzuela de Madrid este pasado 20 de mayo. Después dirigí escénicamente dos veces en el Teatro Real: la primera fue “El hombre que se llamaba Amadé”, sobre la vida de Mozart, y la segunda un espectáculo titulado “A mis amigos”, un regalo del gran Jose Manuel Zapata donde colaboró José Mercé, Emilio Aragón, Rocío Márquez, Cecilia Gómez… A continuación estrenamos nuestro proyecto estrella para este año con Teatro Defondo: “La Opera del Malandro” de Chico Buarque, que estrenamos en Madrid este próximo 6 de junio en el Teatro Fernán Gómez. Y continuamos con la gira del “Sueño de una noche de verano” de W. Shakespeare, que parece que nos va a seguir dando muchas alegrías en 2015 después de las 70 funciones que lleva ya. Mucho trabajo, mucho teatro, mucha música… como te decía, ¡el mejor de los paisajes!.

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Háblanos del proyecto de La ópera del Malandro…¿Cómo surgió este proyecto?… ¿Cómo ha sido el proceso?…
Este proyecto surge como todos los demás, surge del amor. Conocí hace año y medio la obra de Chico Buarque y me quedé sin aliento. Entre toda su producción una pieza llamó poderosamente mi atención, por su música deliciosa y compleja y por su poesía y sus imá-genes de altísimo nivel, que dibujaban el sentir de la sensualidad femenina de un modo que yo jamás había escuchado; la canción se llama “O meu amor”. Cuando empiezo a investigar sobre la canción en internet veo que la letra tiene indicado el nombre de dos personajes, Teresinha y Lucia. Y descubro que pertenece a una obra de teatro musical llamada “La opera del Malandro”. Como yo ya había dirigido “La opera de los tres peniques” de Bertold Brecht, entendí la asociación inmediatamente: ¡aquel era el dúo del segundo acto entre Polly y Lucy! Muy emocionada por el descubrimiento me hice con el texto completo (en portugués, no estaba aún traducida al castellano) y descubrí que tal y como sospechaba Chico Buarque escribe en 1978 una brillante versión del original brechtiano (a su vez versión de John Gay) ambientada en el barrio de Lapa de Rio de Janeiro en los años cuarenta, en plena dictadura de Getulio Vargas. El texto era pura dinamita, descarado, actual, rítmico… una vez más, la forma perfecta. Y la música era sencillamente deslumbrante. Era para mi la oportunidad perfecta para hacer realidad un antiguo sueño: reivindicar el género del “teatro musical”, tan vilipendiado por los márgenes comerciales de nuestra profesión. Este es un GRAN musical, de texto preciso, personajes definidos, argumento vertiginoso, poética sorprendente y con una calidad musical digna del autor de música popular brasileña más importante de su generación.
El proceso fue muy intenso: comenzó con un taller de música brasileña y repertorio impartidos por Pedro Moreno(director musical) y Mario Bidart (maestro repertorista y especialista en canto popular brasileño) en la Casa do Brasil. Entre los participantes del taller seleccionamos a los nueve actores/cantantes que compondrían en elenco. Tras un mes de barbecho acometimos un proceso de ensayos largo y denso, complejo por la propia idiosincrasia de la obra. No puedo estar más contenta del resultado.

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¿Qué proyectos tienes entre manos?…
De manera inmediata dirijo mi primer espectáculo de danza. Es una versión de “El Principito” en el que firmo la versión y la dirección escénica, y la coreografía es del gran bailarín José Tirado. Estaremos ensayando en los Teatro del Canal todo el mes de julio.
La temporada que viene tengo dos cosas en perspectiva: la primera es la siguiente produc-ción de Teatro Defondo, que será casi con toda seguridad un Shakespeare aún no estrenado en España. Recuperaremos todos nuestros espectáculos shakespirianos ya estrenados (“Mucho ruido y pocas nueces”, “Macbeth”, “La Tempestad” y “El Sueño de una noche de verano”) y haremos un ciclo Shakespeare para gira con las cinco funciones y un elenco estable. Al estilo inglés…
El tercero de los proyectos, quizá uno de los más importantes de mi carrera, que gracias a Dios ya está confirmado y cerrado, es para abril de 2015 pero aún no puedo revelar nada sobre él. Seguro que a no mucho tardar sabréis de qué se trata.

¿Cómo crees que están afectando los recortes y el aumento del I.V.A. a los proyectos de teatro?…
Está siendo un tsunami destructor, como casi todas las iniciativas que sobre cultura se están tomando de un tiempo a esta parte. Ya no somos empresas teatrales, es imposible tener beneficios, y mucho menos con un espectáculo que da trabajo a nueve actores, cuatro músicos y tres técnicos. Ahora somos devotos teatrales. La profesión se está devaluando, se trabaja de cualquier manera a cualquier precio.

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¿Cómo ves la realidad teatral en Madrid?…
No comparto el optimismo generalizado. Hay mucho teatro de mala calidad, con pocos medios, muy mal pagado. El teatro low cost es exactamente eso, teatro barato. Salvo para los tres o cuatro tocados por la mano de los centros de producción nacionales, la ausencia de tejido teatral profesional nos supone una mengua, no un acicate.

¿Qué montaje que hayas visto últimamente, te ha interesado?¿Por qué?…
Ejemplar “Novecento” del compañero Raul Fuertes con el gran Miguel Rellán. Tiene la escenografía más cara del mundo.
Muy emotivo “Ay, Carmela” del compañero Pepe Bornás. Historias bien contadas, con compromiso e ideas. Eso es teatro.
“Viaje a ninguna parte”, interesante concepción espacial, correcto el trabajo con los actores, donde sobresalía claramente el maestro Antonio Gil.
Si en algún lugar de España coincidís con la gira de “Barroqueros”, la macarrada más culta de José Manuel Zapata, no dudéis en llevar a todosvuestros hijos para iniciarles en la música antigua.

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¿Alguna sugerencia para seguir creando en tiempos de crisis?…
1. No conformarse con “hacer lo que se pueda”.
2. No devaluar la profesión; ergo, no devaluarse a uno mismo.
3. Conservar el espíritu crítico.
4. Conservar la dignidad.
5. No olvidar que no somos las circunstancias que vivimos, sino las elecciones que hace-mos en esas circunstancias.


Escriba su nombre aquí en la Sala Triángulo

Es bueno ver que pese a las inclemencias de los tiempos que corren, pese a recortes y demás zarandajas la gente del teatro sigue fuerte y valiente y pelean en todos los frentes, Escriba su nombre aquí, creación colectiva del grupo de actores que la representa, es una muy buena prueba de ello. Sin perder el sentido del humor y haciendo que el público se relaje y se ría, en algunos casos a carcajadas, hacen un recorrido por una serie de temas como la nacionalidad, el D.N.I., el registro de los recién nacidos a los que se les marca su destino, la xenofobia, la incomunicación, etc., desgranando todo ello en palabras y acciones coreografiadas por Rebeca Matellán y con un descaro que se agradece, ver a los actores disfrutando en escena es un parte muy grande de la propia diversión del espectador. La dirección corre a cargo de dos de los actores María Prado y Fernando de Retes, este último brillando en el escenario con luz propia, Pablo Huetos, que ya es un imprescindible de la escena, y que se siente como pez en el agua en el escenario y unas actrices que juegan sin descanso durante toda la representación Fátima Sayyad, Rebeca Matellán y la codirectora María Prado, un rato donde te olvidas por un momento de lo oscuro de la realidad para reírte de ella. Muchos aplausos al final muy bien merecidos.
Ángel Savín

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DER ZEIT IHRE KUNST… por Pablo Huetos

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por Pablo Huetos (compañía Teatro defondo)
Verano y crisis: dos condicionantes que hacen que el teatro florezca en Madrid de formas muy variadas. Un paseo por el panorama teatral madrileño en esta situación nos permite ver la cantidad de sinergias que se están movilizando para luchar contra la parálisis que parece querer imponer un Gobierno insensible y estrecho de miras.
Me encanta el lema de la Secesión vienesa: “Der zeit ihre kunst, der kunst ihre freiheit” (“A cada tiempo su arte, a cada arte su libertad”). Parece que la cultura y el arte lo han revisado recientemente, están despertando de un letargo producido por la comodidad de años anteriores y se están poniendo manos a la obra (valga la expresión) para generar públicos, interesar a todos los sectores de la sociedad y dar un servicio social a todo aquel que se siente perdido, ahogado o enrabietado por el crujido de nuestros huesos aplastados por la enorme rueda del sistema, parafraseando a Herman Hesse (aunque ponerse demasiado germanófilo no parece lo más adecuado en estas horas).

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La efervescencia de las artes escénicas en Madrid es, según algunos amigos argentinos, lejanamente comparable con el Buenos Aires del Corralito. El fenómeno, sin embargo, es extraordinario: se multiplican los lugares de muy diverso formato donde mostrar distintas expresiones escénicas. En los últimos meses, por ejemplo, se ha abierto La Neomudéjar de Atocha, un espacio maravilloso (antiguos almacenes de RENFE) dedicado a la videocreación, el arte y la performance que trata de paliar un inmenso vacío; se ha abierto también Nave 73 en Embajadores, donde he tenido la fortuna de trabajar con Escriba su nombre aquí frente a un público deseoso de recibir historias sobre lo que le está pasando ahora mismo; también en Embajadores acaba de abrir La Belloch; se reafirma en el panorama la Kubik Fabrik, una sala en pleno barrio de Usera levantada con muchísimo esfuerzo y disgustos y contra la aplastante burocracia que, parece, sí va a conseguir acabar con otro precioso sueño, el de Garaje Lumiere; prosperan los lugares de investigación, formación y ensayo; los microteatros (dentro de poco se abren nuevas salas en la plaza de Luna), teatros “S” (la Sala Tú, Nudo Teatro, Estudio 2…), cafeterías que ofrecen espectáculos, teatro en lugares inhabituales (como la experiencia hecha en el Hotel Intercontinental por los compañeros de Metatarso), teatros “M”, como El Sol de York que se está haciendo un estupendo hueco en el barrio de Chamberí con programación tan interesante como Muda, de Pablo Messiez, Cuando fuimos dos, de Cría Cuervos… todo ello para complementar la oferta, bien distinta, que ofrecen los teatros talla “L” y “XL”. Todo esto está enriqueciendo y dotando de densidad al tejido teatral madrileño, algo muy necesario tras los recortes y los abusos impositivos.
Ahora mismo la sensación es que hay programación para todos los tipos de público. Ahí van algunos ejemplos:

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El estreno de Maribel y la extraña familia, con dirección de Gerardo Vera, en el Teatro Infanta Isabel nos remite a los teatros de mayor capacidad. El espectáculo es una buena forma de conocer o revisitar a Mihura y tiene un reparto encabezado por una estupenda Lucía Quintana. Es un espectáculo sin pretensiones ni mensajes, una comedia entretenida para pasar una tarde de verano. Seguro que va a hacer una gira muy extensa. En ella pueden encontrar satisfacción, especialmente, aquellos espectadores que buscan un teatro conocido y sin sorpresas.
En un sentido parecido (que no igual) se estrenó en el patio del Teatro Galileo La esmeralda de Kapurtala, que continuará allí durante todo el verano como parte de la programación de Veranos de la Villa. En este caso el espectáculo tiene una propuesta basada en la comedia, la interacción con el público y el cabaret, que funciona muy bien en un ambiente distendido en el que la gente cena mientras ve el espectáculo. Es una buena ocasión, además, para conocer a parte del equipo de Teatro de Malta que ganó el Premio MAX a Mejor Espectáculo Infantil en la última edición hasta la fecha, con Alegría (palabra de Gloria Fuertes).

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También en un contexto puramente veraniego se celebra el Festival Fringe en Matadero Madrid (y en algunas salas asociadas como Lagrada o La Cervantina). Se trata de una propuesta que prima los lenguajes escénicos contemporáneos. Allí hemos visto Las amistades peligrosas, de Metatarso Producciones, un espectáculo arriesgado y redondo que espero que dé mucho de qué hablar porque está hecho con calidad, imaginación, trabajo, talento, frescura… Es ésta una propuesta de teatro a la italiana, pero también se pueden ver propuestas en espacios inhabituales (a veces inverosímiles) como el tejado, un callejón… a esto se une una actividad de mesas redondas y conciertos gratuitos que atraen a mucho público (como en el caso de María Betania) o a no tanto (en el caso de propuestas más “ambient”), pero que siempre han conseguido que haya mucha circulación de gente en la zona de Arganzuela. Por lo que nos comenta alguno de los participantes en el Fringe 13 la asistencia de público teatral también ha sido irregular: en general las compañías madrileñas han sido capaces de movilizar a mucha gente, pero varias compañías “foráneas” han visto que la promoción para dar visibilidad a sus propuestas no ha sido la más adecuada. Recordemos, en cualquier caso, que se trata de un Festival con una media de actuaciones de 8 por día, aproximadamente.
En salas de aforo mediano, como Cuarta Pared, hemos visto La fiebre, dirigida por Carlos Aladro. Es otro caso de teatro que la gente necesita ver hoy en día. Igual que en el caso de Escriba su nombre aquí, en Nave 73, o de Allí, en la Sala Nudo, el público está deseando ver en escena un reflejo, sea realista o más poético, de la tormenta de ideas, sensaciones y sentimientos que nuestras almas están experimentando en los últimos años.
Este análisis, evidentemente, se queda cortísimo, pero permite sacar una conclusión: que el teatro en Madrid, lejos de agonizar, está más vivo que nunca. Las condiciones laborales y salariales no son siempre las más adecuadas, los ingresos de taquilla han bajado en los grandes espacios y el 21% de IVA hace que las cuentas no cuadren ni comiendo arroz para desayuno, comida y cena, pero hay un gran sector de la profesión que necesita expresarse y dar voz a sus conciudadanos y que está generando nuevos ámbitos y posibilidades para que el teatro sea viable y accesible. Y hay mucha gente que se está acercando al teatro para encontrar un sentido de comunidad, un sentido de energía colectiva que, quizá, sea una de las mejores herramientas que tengamos para enfrentarnos a la bomba de succión del neoliberalismo.

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