Revista digital de Artes escénicas -Año 8-

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“El buscón” de Quevedo en el Teatro Fernán Gómez

La compañía Teatro Clásico de Sevilla, nos deja una propuesta renovada de la obra de Francisco de Quevedo, en la que se relatan las andanzas, gracias y desgracias de un joven llamado Pablos que intenta subir desde su mísera escala social y alcanzar el rango de caballero. El reto dramatúrgico consistía en trasladar las palabras de Quevedo a nuestra época y efectuar una especie de paralelismo para comprobar que casi nada ha cambiado. Y efectivamente, viendo escenas recreadas de El Buscón, descubrimos que pocas cosas han cambiado y que la picaresca sigue completamente vigente.

Para recrear todo esto se ha escrito una dramaturgia con un ritmo vertiginoso, imprimiendo adrenalina a las situaciones para que parezcan creíbles y efectuando rápidos y numerosos cambios de escena y vestuario, alternando escenas escritas por Quevedo con las nuevas escenas de esta versión libre de Alfonso Zurro. El resultado es fresco, dinámico y hace que la hora y media que dura transcurra velozmente. Este ritmo frenético ha necesitado de un gran trabajo actoral para adaptarse al cambio de vestuario y registros, a lo que ayuda una escenografía formada por maniquís vestidos con harapos y trozos de telas  que inundan la escenografía y que tomarán vida escena a escena. La transformación final del personaje principal culmina como guinda a un pastel un texto rico y lleno de matices que nos hará reflexionar sobre la picaresca política que nos rodea actualmente.

Un acierto y un gusto disfrutar de un clásico renovado en estos tiempos en los que la picaresca trasciende a los telediarios

Luis Mª García Grande.

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Cyrano de Bergerac en Los Teatros del Canal

El Festival de Otoño a Primavera nos trae un clásico francés de alto standing. Cyrano, escrito por  Edmond Rostand. Una obra que nos habla sobre la vida de Hercule Savinien Cyrano de Bergerac (1619-1655), escrita en 1897 y representada por primera vez con gran éxito y revuelo el 28 de diciembre del mismo año en París, en el Théâtre de la Porte-Saint-Martin.

Todo un lujo para los sentidos en una escenografía contemporánea, despojada de adornos y en el que una especie de monte, que metafóricamente representa esa gran nariz por la que es conocido el personaje, da vida a las andanzas de uno de los primeros dramaturgos y actores franceses que supo afrontar su vida con total libertad y sin perder su orgullo. La dirección de Georges Lavaudant es impecable, destacando la sencillez con la que afronta un texto clásico y la visión contemporánea que le otorga  y que hace plantearnos temas tan de actualidad como la libertad personal, la lucha por la supervivencia, el orgullo propio y el saber vivir la vida sin ataduras. Sin duda, su gran as en la manga es el actor principal que interpreta a Cyrano: Patrick Pineau. Un actor muy curtido en la poesía, que hace delicioso oír el verso francés de su boca a pesar de ese postizo que lleva pegado y que nos recuerda a esos versos de Quevedo “erase un hombre a una nariz pegado”, y que ha sido la mano derecha del director en muchos montajes. Le acompaña en el papel de Roxanne una estupenda Marie Kauffmann que representa el espíritu luchador de la mujer en una época en la que no se podía permitir el lujo de ser reconocida como persona.

Todo un clásico al estilo de nuestro Don Juan que podemos disfrutar en Los Teatros del Canal todos los amantes de lo galo y que pueden descubrir los que no conocen tanto el francés.

Luis Mª García Grande.

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“La Escuela de los Vicios” en el Nuevo Teatro Apolo

Hablar de más tiene sus consecuencias y complicaciones y si no, que se lo pregunten a Quevedo, que por hacer unas satirillas y sonetillos lo llevaron a la cárcel. Simplemente por criticar a unos magistrados, banqueros y ministrillos sin escrúpulos. Parece mentira, pero hoy en día seguimos en las mismas.  Morfeo Teatro ha elaborado un sutil montaje en el que a través de estos versos de Quevedo se hace crítica social actual, poniendo en entredicho las actuaciones de muchos personajes que se dice que “nos representan”. Sí: La pluma de Quevedo era afilada como un bisturí capaz de clavarse en nuestro estómago y sacarnos las tripas hasta, incluso, en la actualidad. 

El montaje escénico nos traslada a un espacio indefinido, donde dos buenas personas van a ser adoctrinadas por el mismísimo Bercebú para alcanzar esos ideales en la vida que muchos padres quieren para sus hijos: ser ministros, banqueros, magistrados… es decir, gente de “reconocido prestigio”. El espacio es contemporáneo, con pocos elementos, un fondo medio cabaretero y decadente y un armario siniestro presidido por una calavera que esconde los artefactos necesarios para la enseñanza de los vicios. Escenografía y vestuarios bien pensados y tan versátiles que nos pueden sugerir cuadros de la época negra de Goya o las pinturas de Solana para reflejar una España hundida, pesimista y degradada.

Los actores han hecho un gran esfuerzo para transmitir y poner en escena unos textos bastante densos, a los que hay que sumar la complejidad de la rima y la utilización por momentos de técnicas de clown y comedia dell’arte.

En definitiva, una obra comprometida socialmente, bien estructurada y que merece la pena disfrutar, sobre todo si les gusta esa poesía del Siglo de Oro español.

Luis Mª García Grande


JACOBO DICENTA nos habla de su pasión por la interpretación

jacobo¿Qué es el teatro para ti?…
VIDA, así, con mayúsculas. Es mi manera de entender la vida y compartirla, de tocar un poco la vida de los demás, de vivir múltiples vidas que de otra manera no sería posible y en definitiva, que también es importante, es mi forma de ganarme la vida.

¿Por qué haces teatro?…
Si te soy sincero porque desde que lo probé no quiero hacer otra cosa y además creo que no sabría hacer otra cosa o por lo menos no me apetece intentar otra cosa. Todo lo que gire en torno al mundo de la interpretación en todas sus vertientes y medios es lo que deseo que me sumerja en su torbellino. Que eso es también esto, un torbellino fascinante del que , afortunadamente, llevo viviendo ya 21 años.

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¿Qué balance haces de tu trayectoria como actor?…
Que no va mal la cosa, pero me queda tanto…

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Háblanos de tus últimos trabajos…
Mi anterior trabajo fue una pequeña y deliciosa joya musical llamada “Forever Young”. Allí nos interpretábamos a nosotros mismos, ya de viejecitos, en una residencia para artistas retirados. El espectáculo lo produjo y dirigió Tricicle y estuvimos dos años con él. La respuesta del público fue brutal.
Antes había interpretado a una especie de don Juan trasnochado y venido a menos en la maravillosa “Angelina, o el honor de un brigadier” de don Enrique Jardiel Poncela.
También he tenido la inmensa suerte de interpretar al Tenorio en Alcalá de Henares en dos veladas inolvidables ante 25000 personas cada día.
Y tantas cosas…

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¿Por qué no has hecho más cine o televisión?…
Jajajajajaja. Pregunta que me hacen familiares y amigos. “¿Es que no quieres hacer cine y televisión?” Y yo siempre respondo: “Es el cine y la televisión los que no quieren…” Ahora en serio, no lo sé. Son dos medios que me encantan, pero por lo que sea me llaman más para teatro. Es cierto que alguna vez andaba con teatro y ha sido difícil compaginarlo. Desde aquí hago un llamamiento: si tienen a bien, me encantaría hacer más cine y televisión. Ahí lo dejo.

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¿Cómo surge el proyecto de El buscón?…
Daniel Pérez, director del Teatro Principal de Zamora, dramaturgo y versionador, adaptó este Buscón para monólogo pensando en mi. Cuando alguien te hace un regalo así… te lanzas de inmediato sin preguntar. Las respuestas ya se encuentran en el camino y, de momento, todas son, pues eso, un regalo.

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Háblanos de tu personaje…
Para mi, más que la esencia del pícaro español, que también, es la historia de un superviviente. Un hombre que ha de enfrentarse a lo que el destino le ha deparado con las únicas armas a su alcance, es decir, su ingenio para salir adelante en cualquier situación, su humor afrontando el día a día, a veces cruel, su picaresca inofensiva, sólo se vuelve destructiva contra él mismo cuando las cosas le salen mal, su humanidad y su bondad. ¿Es un pecado querer prosperar? Creo que no, siempre y cuando se haga con honestidad y creo que este pícaro es siempre honesto. Es un ser, en el mejor sentido de la palabra, bueno. Pero no lo dejan. Lo pisotean, lo hunden en el fango y él siempre intenta salir a flote de nuevo. Seguro que todo esto, lamentablemente, nos suena de algo.

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¿Cómo ha sido el proceso creativo?…
Primero comencé por releerme la novela de Quevedo, o si te soy sincero de leerla por primera vez, porque aquello que hice en la escuela, obligado, creo que no sirvió de mucho, o por lo menos yo no lo recuerdo. Me fascinó. Rescatamos algún episodio que no estaba en la versión de Daniel, eliminamos otro, quizá demasiado literario, que no hacía avanzar la historia de cara a una puesta en escena… Estudio y a ensayar. Un espacio vacío, un director, un actor y la PALABRA. No se necesitaba más. Con el tiempo introdujimos el laud renacentista y la guitarra barroca que me acompaña en escena maravillosamente interpretada por Dulcinea Juárez, actriz, músico y cantante. Y se creó la magia.

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¿Hay algún referente técnico o artístico del que has partido para crear el personaje?…
No especialmente. Más bien partí del hecho concreto con que se inicia esta aventura. Un ser magullado, con la voz dolorida que lleva ocho días pidiendo a la puerta de una iglesia y que para que caigan los dineros rodando va a relatar su historia. Lo demás está en Quevedo y en la libertad que te deja para imaginar e interpretar su mundo.

¿Cómo preparas los personajes?…¿Cuál es tu método?…
Si te soy sincero no tengo un método concreto. Estudié el Método en la Escuela de Arte Dramático de Madrid. Mi maestro, Juan Pastor, siempre nos decía: “esto es la base, después tendréis que crear el vuestro propio”. Y así fue. Cada personaje, con ese método de base y mucha intuición, me lleva a prepararlo, cómo te diría, como él lo pide. Me dejo llevar. Investigo, si hay que investigar y luego sobre el propio texto voy jugando, inventando, siempre de acuerdo con lo que previamente haya pactado con el director o directora.

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¿Qué función crees que ha de tener hoy el teatro para la sociedad en la que vivimos?…
Hoy, más que nunca, de denuncia, de apoyo al que lucha por sus derechos, de reclamo de una situación, sino ya mejor, mínimamente decente para el ser humano que la transita, la sufre, la vive. Perdón, mínimamente no, máximamente. ¿O quizás eso es demasiado pedir?

¿Cómo crees que está afectando la subida del I.V.A. y los recortes al teatro?…
Pues nos está hundiendo, o ¿es que no se ve? Con esta subida cada vez se ven más salas vacías y que tienen que cerrar. Pero hay otra realidad. Lógicamente, con o sin subida, si la gente no tiene trabajo ni perspectivas de tenerlo, si la gente no puede pagar su hipoteca o su alquiler y tiene que tirar de la familia o amigos que a veces están tan ahogados como ellos, si no puede comer, ¿cómo van a ir al teatro o al cine? Dan una vuelta, ven escaparates y sueñan con que algún día todo esto cambie. Mientras los que están en la Poltrona, bien instalados, se ríen de nosotros. Lo que me extraña es que la situación no estalle de alguna manera. Demasiado poco está ocurriendo. Y francamente, como vi hace en poco en Facebook, menos alarmarse por ver un contenedor quemado y más por ver gente rebuscando en ellos algo que llevarse a la boca.

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¿Alguna sugerencia para seguir creando en tiempos de crisis?…
No rendirse. No nos queda otra.

¿Qué obra de teatro has visto últimamente?¿Qué te pareció?…
“El cojo de Inishmaan”. Un fascinante trabajo de todo el reparto. Dulce y amarga, divertida, tierna, doliente. Se desarrolla en la misma Irlanda de los años 30 que curiosamente estoy leyendo en “Las cenizas de Ángela”. No sabes la cantidad de “Buscones” que salen en sus páginas y en la función. No hemos mejorado mucho.

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¿Proyectos?…
Alterno este “Buscón” con “Ay, Carmela”, la espléndida función de Sanchís Sinesterra que tengo el placer de interpretar con Elisa Matilla, una actriz de altura.
También estoy participando en la tercera temporada de la serie de TVE “ISABEL”, ¡coño, mira, tele! y en Abril comienzo a ensayar un Marivaux.