Revista digital de Artes escénicas -Año 5-

Perdona si te mato, amor de Carlota Pérez-Reverte en las Naves del Español

Una de las buenas cosas que tiene Madrid es la amplia oferta teatral que pone al servicio del respetable, tanta que es imposible ver todo lo interesante que se programa en sus salas. Hay veces que, ante las funciones que solo se dan en un fin de semana o en una sola representación, hay que ir postergando aquellas que se programan durante más tiempo y ocurre, como en este caso, que veo esta función el último día. Más que nunca me da rabia no haber tenido ocasión de verla antes para haberla difundido desde esta revista y para animar al público a no perdérsela, solo puedo escribir para que quede constancia de que este trabajo existió; ojalá tenga gira porque allá donde vaya hará las delicias del respetable. Hay varios aspectos interesantes en esta propuesta, por un lado está el texto que bebe directamente de las fuentes de Jardiel, Tono y Mihura…Ay! si este país no fuese tan cateto con sus autores, habría teatros que deberían programar constantemente las obras de estos geniales autores; si fuesen ingleses, estarían entre los diez más representados en el mundo, pero estamos en Spain. La historia es un juguete absurdo lleno de trampas de acción que hay que resolver de manera delirante para que haga las delicias del espectador. En la trama se juega con un tiempo pasado en el que hay elementos de actualidad como el delicioso ejemplo de escribir en una máquina olivetti un correo electrónico y como no tiene @ pues se escribe con todas las letras. Bueno, esto solo es un detalle para hablar de por dónde iban los tiros en esta comedia negra delirante de crímenes fallidos. El espacio escénico tenía elementos de situación casposa mezclados con proyecciones coloristas tipo anuncios de los años 50. Lo que hace que todo este material vuele y provoque placer en los que lo vimos son un grupo de actores que se toma muy enserio la locura y el disparate, dándole el tono apropiado en cada momento y acción de los personajes. Si hay justicia en este país, habría que darle unos cuantos premios a Silvia de Pe porque nos traslada a una época de melodrama delirante con su trabajo y consigue que no le quitemos la vista cada vez que ella aparece en escena. Y bueno, que todo esto es fruto de una dirección fresca y ajustada de Alberto Castrillo-Ferrer. No puedo decirles que vayan a verla pero sí, que estén atentos y si se repone o tiene gira, no se la pierdannnnnnnn!.
Adolfo Simón

perdona

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